mamada_en_el_ascensor

Casi siempre me quedaba media hora más en mi trabajo. Me gusta adelantar un poco la tarea del día siguiente, y dejarlo todo bien preparado, para no dejarme nada acumulado. Soy muy ordenada, y me gusta tenerlo todo arregladito y al día. Era la secretaria del jefe, y mi horario acababa una hora antes, que mis demás compañeros/as de oficina. Con él casi siempre coincidiamos en el ascensor, antes de marchar. Pero esta vez, tenía tanta prisa que no lo vi. Tropezamos cuando cogí la última esquina antes del ascensor. Él estaba colocando unos disquetes en su maletín, y con el choque se le cayeron todos; mientras a mí, se me caían unos folios y un disquete que iba a dejar en el bolso. Enseguida me agache, para que no fuera a equivocarme, pero por casualidad todos eran iguales, así que recogí el más cercano a mí, y rápidamente lo deje en el bolso. Me disculpe por la torpeza, pero él no se enojo, su sonrisa me acompaño hasta el interior.

Nuestras manos se toparon en el botón de la planta baja, y empecé a ponerme nerviosa. Quise que los seis pisos se esfumaran enseguida.. Otras veces, siempre deseaba que el tiempo se parara para estar a solas con él, porque es de esos tíos que no te cansas de repasar con la vista. Tiene una cara angelical y un cuerpo tremendo. Tan sólo nos llevamos cinco años, y estábamos solteros y sin compromiso. Siempre estábamos pendientes de nuestro trabajo, él se ocupo desde los 25 años, del negocio de su padre. Y yo nunca me había puesto a pensar en novios. Habíamos pasado seis años, sin hablar mucho, simplemente de asuntos de trabajo. Y yo últimamente, lo empezaba a mirar con otros ojos… Llegué a casa muy acalorada, pero antes de ir a tomar agua, fui directa al ordenador a mirar el contenido del disquete. Al abrirlo, sólo vi documentos y más documentos. Enseguida me dirigí al frigorífico, a meter mi cabeza en el congelador, a ver si se me pasaba el sofoco. Después regresé a mi habitación, para quitar el disquete y regresármelo al bolso, porque al día siguiente debía devolvérselo a Carlos. Así que cerré el ordenador y me dispuse a cenar. Estaba cansada, así que después de relajarme en un baño espumoso, me metí en la cama. Allí no podía dejar de imaginar, que podía pensar de mí Carlos, si había visto mi disquete con fotos mías eróticas.

Al día siguiente, no me atreví a comentarle nada del disquete, por si lo hubiera visto. Preferí que él me dijera algo. El suyo se lo dejé con disimulo encima de su mesa. Todo el día paso con normalidad, pero cuando iba a marcharme, me encontré una nota en mi mesa: ” Marga, necesito hablar contigo. Cuando todos marchen, cierra la puerta principal y acércate a mi despacho”. Así lo hice. Yo ya me temí lo peor, y empecé a poner nerviosa. Cuando llego la hora, me dispuse a entrar. Una vez dentro, me tope con una de mis fotos en la pared frente a él, y las luces apagadas. Enseguida se me subieron los colores, mientras Carlos me invitaba a que me acercará a la mesa, junto a él y su ordenador. Así lo hice después de cerrar la puerta.

- No conocía esta faceta tuya - me dijo mientras pasaba las fotos una y otra vez.

No supe que decir.

- Me gusta mucho ¿sabes? - decía mientras se levantaba para acercarse a mis labios y besarme salvajemente.

No me despegue, porque me gusto y eso confirmo mis sentimientos hacía él. Mientras sus manos se deslizaron hacía mi culo, para contraerme hacía él. Entonces noté su polla bien dura, y eso consiguió mi piel se erizará. Le invite a que se sentará y siguiera viendo mis fotos, mientras yo le hacía un estripteese alrededor de su silla de trabajo. Al mismo tiempo que su mano derecha se escondía debajo mi falda, yo me balanceaba y quitaba mi blusa, dejándosela al lado de su mesa. Le quite la corbata, para pasármela por mi cuello y luego quitarle su camisa y dejarla junto a la blusa. Enseguida mis labios se dirigieron a su cuello, recorriéndolo con suaves besos, para toparse en sus orejas y darle varios mordisquitos acompañándolo con mi lengua. Mientras mis manos fueron bajando por su torso sin apenas vello. Antes de llegar a su pene, cogí la silla y la empujé salvajemente un poco hacía atrás, para poderme sentar encima suyo. Antes de hacerlo, me puse de espaldas a él, para quitarme la falda.

Mientras lo hacía, sus manos se dirigieron a mis nalgas, para apretarlas fuertemente, después una de sus manos me acarició por encima de mi tanga rojo, con eso consiguió que soltará un leve gemido. Enseguida mi senté cara a cara, para darle un largo beso, mientras mis manos acariciaban su pelo. Seguí bajando por su cuello, después mi legua masajeo sus pezones, mientras mis manos, desabrochaban los botones del pantalón. Al tiempo que me levante poco a poco, y mis manos seguían quitándole el pantalón, mientras me ponía en cuclillas y quitaba los zapatos. Cuando le quite completamente el pantalón, le separé las piernas, para acariciar su pene encima del slip. Mientras lo había lo miré pícaramente y levante para susurrarle que se lo quitara que ahora regresaba. Me coloque detrás, para quitarme el sujetador, y pasárselo por su torso. Luego me coloque en la postura anterior, para empezar a chuparle los huevos y masajearlos con mi lengua.

Vi como su pene se movió levemente de placer. Poco a poco y despacio jugueteaba con su sexo, acariciándolo con mis manos u lengua, hasta el momento que mi boca lo agarro con fuerza, de arriba abajo iba mi sabrosa boca. Poco tardo en correrse dentro de mí, me dijo que no podía aguantar más, ya que hacía rato que estaba tocando su pene, mientras me observaba en las fotos, pero que aguanto para descargarse. Me limpie los labios y me levanté para besarlo. Él me llevó hacía el gran y cómodo sofá, que estaba convertido en cama, para tumbarme en él boca abajo. Me aparto mi larga melena, para empezar a masajearme con sus manos. Fue bajando acariciándome con sus yemas, para masajearme mi cintura, y a continuación su lengua se dirigió a mi pompis, mientras su mano acaricio mi coño, esta vez apartando la tirilla del tanga. Me masajeo un rato más con su lengua en la espalda, mientras acariciaba mi coño. Luego me dio la vuelta, y su ardiente lengua se dirigió a mis pezones bien duros, para ir bajando suavemente hasta toparse con el tanga, y quitarlo enseguida, para pasar su lengua por el clítoris.

Mientras él jugueteaba con el poco pubis que tenía, y daba placenteros lengüetazas, yo agarraba con fuerza su cabello, y su mano me agarraba un pecho. Justo cuando acabe mi orgasmo por completo, Carlos me dijo que quería entrar en mí. Yo no dude dos veces, y cogí su pene otra vez listo, y apercancarlo poco a poco dentro de mí. Acercó sus labios y mordió suavemente mis carnosos labios, al tiempo que notaba por completo su ardiente pene en mí. Al rato hizo un fuerte movimiento, que consiguió que diera un largo y fuerte gemido, que consiguió que él también se corriera y yo notará su caliente jugo. Fui a levantarme, pero él me lo impidió, preguntándome si podía quedarme a dormir. Que deseaba despertarse junto a mí. Acepté sin rechistar. Mientras arreglaba la cama, él recogía el ordenador, y encendía una de las lámparas, que estaban junto al sofá-cama. Después Carlos apareció con una suculenta cena. Cuando terminamos recogí la mesa, y nos fuimos a dormir bien abrazaditos.

Me desperté, casi al amanecer, con mi mano agarrando su pene. él seguía dormido, pero quería despertarlo con una placentera mamada. Así que me dispuse a hacérsela suavecita, para que no se despertará exaltado. Al instante note su mano acariciando mi cabeza y no me dijo nada. Así que seguí con lo que había empezado, mientras yo me masturbaba con una almohada. Cuando tuve un orgasmo, el placer hizo que le mordiera, con ese gesto él gimiera fuertemente, mientras se corría. A continuación nos fuimos a duchar juntos en el baño, en el baño que tenía en el despacho y que yo desconocía. Después de vestirnos y maquillarme, él bajo a abrir la puerta principal, mientras yo deshacía la cama y arreglaba el sofá. Luego me dirigí a mi mesa de trabajo. Cuando regresé de desayunar, en la mesa encontré un gran ramo de rosas azules, mis preferidas. Me sorprendí muchísimo, y más cuando leí la nota: “Lo de anoche lo quiero repetir muy a menudo, el resto de nuestros días ¿Quieres ser mi novia?”. Enseguida, cogí unos documentos, para que nadie sospechara, y fui directamente a su despacho, para abrazarlo y darle el sí.

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