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Todas y todos estamos salidos, el que o la que diga lo contrario miente, y si miente le crecerá la nariz como a Pinocho, la pena es que a los tíos no les crezca el cimbrel tanto como la napia al hijo de Gepetto o a las tías los cantaros. Dejando claro que todos se petarían si pudieran hasta la webcam el que la tenga y sino la antena del router, habría que entrar a medir, y no medir nabos, la posición que el grado de salidez de cada uno ocupa en un hipotético ranking de lujuria, perversión y guarradas, lo que sería una barra libre de jodienda sin fin, astillar sin parar, oscultar agujeros prohibidos y saborear manjares y flujos grumosos.

Un gimnasio aparte de ser un lugar en el que se hace deporte y se cultiva el cuerpo también es un antro de vulvas y ceneques por doquier, una pasarela ‘pret a porter’ de coños y nabos, cada uno de su madre y de su padre, cada uno con su estilo. La pasarela se ve en la sala de entrenamiento con los chicos y las chicas entrenando y sudando, pero donde realmente es morbosa la pasarela es en el ‘backstage’, lo que vendría a ser las duchas y vestuarios, y es que ahí es donde hay que medir el grado de salidez.

Después de entrenar e ir al vestuario siempre hay un momento de descanso, te sientas en el banco y se está durante un breve tiempo relajado, antes de empezar a desnudarte, en el que se piensa como has entrenado o cuanto has tirado de peso ya que no te puedes tirar otra cosa en ese momento. Los vestuarios, aunque están separados por paredes da igual, y es que las pelotas las tienes tan llenas de amor que las derribarías sin más, o mamparas, pero malditas mamparas si son trasparentes…ahí la imaginación de cada uno y cada una puede hacer criba.

Si ya de por sí es tremendo oír los aullidos que vienen de las duchas, más espeluznante es aún ver a través de las mamparas la silueta del cuerpo del delito. El grado de salidez es tal que a veces cuando uno se sienta en el banco se hace que se da cuerda al reloj, y da igual la marca que sea, como si es un Casio modelo SkyWalker descatalogado en la actualidad, en el que la cuerda como no se la de uno a sus huevos lo lleva claro, la cosa es dar cuerda al reloj…