cachonda

Tania recoge del suelo su top y se lo pone. Anochecía, y para ella comienza un nuevo día de caza. Su última presa aun está a su lado, en la cama, completamente desnudo. Tania lo mira por última vez, pues sabe que no se volverán a ver, coge su bolso negro y se marcha.

Mientras baja en el ascensor se mira en el espejo. Su top, negro y ajustado, remarca aún más sus pechos y su minifalta, de cuero también negro y ajustada, no hace más que potenciar su ya de por sí hermosa figura. Sabe que pocos hombres pueden apartar la vista de su cuerpo, pero los que hacen y la miran a la cara caen rendidos a sus pies. Su pelo, de color rojo intenso, enmarca una cara ligeramente pecosa, de ojos oscuros con un brillo tan intenso que ilumina la noche. Sus labios son carnosos y sensuales. Toda ella exala una sensualidad, que hace que pocos hombres e, incluso, mujeres, se la resistan. Pero a ella sólo le interesan los hombres…

El bar sigue igual que la noche anterior. Cuando entra, ve que ya hay bastante gente, pese a que apenas son las 10. Sabe que las otras mujeres no son rivales para ella, y mira para encontrar su pieza. Alguien llama su atención. Es un joven alto, moreno. Su fuertes hombros le hacen parecer poderoso. Viste una chaqueta negra, con grabado, similar a las que usan los moteros, y unos pantalones negros y ajustados, que dejan entrever un considerable bulto en la entrepierna. Él parece darse cuenta que lo observan y la mira con sus ojos negros, profundos, misteriosos.

Tania se acerca a la barra y pide una copa. Como siempre pasa, el hombre de negro la invita y ella se acerca a “agradecérselo”. El hombre se presenta como Antonio, mientras Tania coge una silla y se sienta a su lado.

Tania: Y, ¿de qué trabajas, Antonio?
Antonio: ¿De verdad quieres hablar -dice, mientras Tania nota una mano en su pierna que sube poco a poco-, o prefieres follar?
Tania: Eres directo, como me gusta…

Y se deja hacer, sin ni siquiera pensarse el apartarse. La conversación preliminar nunca le ha gustado. La mano de Antonio llega a sus braguitas y se cuela dentro, hurgando y excitando su coño, palpando su clítoris, hundiéndose en su rajita…

Por fin, cuando Tania está a punto de explotar, deciden irse de allí y Antonio paga la cuenta. Él la lleva hasta su moto, una Harley clásica, y se dirigen a uno de esos moteles apartados y tranquilos que suele haber en las carreteras secundarias. Piden una habitación con una cama grande, y les dan la 411.

Nada más entrar y cerrar la puerta, ambos se funden en un beso apasionado, profundo, húmedo. Antonio se hunde en la boca de Tania, jugando lengua con lengua, mezclando sus salivas. Las manos de Tania acarician el pecho masculino, de músculos duros y bien formados. Él también acaricia los pechos de Tania, redondos, duros, perfectos.

La ropa cae sin orden ni concierto hasta que ambos se quedan completamente desnudos. Entonces van a la cama. Tania se tumba boca arriba, mientras Antonio inicia un recorrido con su lengua que empieza en la boca de Tania y acabará en su coño. El beso con que Antonio inicia su recorrido es fuerte, anhelante, casi desesperado. Sus lenguas chocan con rabia, mientras sus manos recorren sus cuerpos. Antonio abandona la boca de Tania y empieza a descender por su cuello, poco a poco, lamiendo cada centímetro, mientras Tania deja escapar los primeros gemidos.

Antonio llega a los pechos de Tania y empieza a lamerlos en círculos, cerrándolos poco a poco, hasta lamer solo el pezón, y volviéndolos a abrir. Los gemidos de Tania van en aumento. Una de las manos de Antonio sube por la pierna femenina hasta su coño y empieza a acariciarlo. Tania se nota cada vez más excitada y sabe que no tardará mucho en correrse. Arquea la esplada mientras la intensidad de sus gemidos aumenta hasta casi convertirse en gritos de placer.

Antonio parece intuirlo y abandona los pechos de Tania para bajar por su  vientre, terso y suave. Su lengua empieza a lamer el coño mientras sus manos, ahora libres, se encargan de los pechos femeninos. Tania gime y grita de placer, sintiendo la lengua de Antonio frotando su clítoris, succionándolo, hasta que se viene en un orgasmo intenso y maravilloso.

Tania sonríe a Antonio con picardía y este le devuelve la sonrisa. La polla que tiene es realmente impresionante, grande y pesada, casi como un tercer brazo. Debe medir unos 30 centímetros de largo, pero incluso esto no es nada comparado con su grosos. Tania sabe al instante, al ver semejante miembro, que no se la han comido demasiado. Ella siempre ha sido de garganta profunda y se ha comido pollas que nadie diría que era capaz, pero esto… Así que decide que, aunque el grueso la asustaba, iba a comerse la polla de Antonio. Chupar pollas era su pasión y sabe que pocas mujeres la pueden superar en ello.

Tania empieza lamiéndola bien, como un caramelo, pasando la lengua por el capullo y bajando hasta la base para volver a subir, recorriéndola en toda su longitud. Tania abre la boca lo que puede, mientras mira a Antonio con ojos picaros, y hace un primer intento de comerse el pollón. Esta vez apenas consigue meterse el capullo, así que sigue lamiéndola antes de volver a intentarlo. Consigue que entren unos pocos centímetros en su boca, pero sabe que puede hacerlo mejor. Así que cambian de postura, obligando Tania a Antonio a tumbarse boca arriba, mientras ella se pone en la postura del 69. Ahora sí, en esta posición, Tania consigue meterse casi todo el pollón de Antonio en su boca, y empieza a meterla y sacarla mientras su lengua juega con ella. En esto está cuando Antonio reacciona y vuelve a jugar con el coño de Tania, metiendo dos dedos dentro mientras su lengua lame el clítoris. Tania está casi asfixiada por la tranca de Antonio y siente el sudor resbalar por su espalda. Sus gemidos, sofocados, son intensos y un breve mareo la sacude en el momento de su segundo orgasmo.

Por fin, Antonio se decide a darle lo que tanto necesita, eso que ambos desean. Se coloca un preservativo, se situa entre las piernas de Tania con la polla apuntando a su agujero, y empieza a meterla poco a poco. Pese al tamaño de la polla, Tania tiene el coño tan húmeod que la polla sólo le provoca un intenso placer a medida que se desliza en su interior. Los huevos de Antonio chocan con los labios de su coño, indicando a Tania que tiene toda la polla en su interior. Antonio empieza un bombeo lento, pausado, que acelera por momento. El placer que la polla le está dando a Tania es intensísimo y ella no deja de gemir y gritar, arqueando la espalda como si estuviera poseída. Nota su coño completamente encharcado y como a cada rato se contrae en un nuevo orgasmo, en una sucesión que parece que no va a acabar nunca, que no quiere que acabe nunca. La lengua de Antonio le recorre las tetas, el cuello, la boca… Este empieza a gemir más intensamente y aumenta la cadencia de las embestidas, hasta que parece que va a partir a Tania en dos. Al poco, saca la polla del coño, se quita el condón y la lleva a la hambrienta boca de Tania. La corrida es tan intensa y abundante que el seen se le escapa por las comisuras de los labios y mancha los pechos a Tania.

Tras este polvo se limpian y se quedan tranquilos, relajados. El miembro de Antonio, que tras la corrida se había mustiado, vuelve a coger fuerza de nuevo, lo que a Tania no le pasa desapercibido. De inmediato se lanza a devorarlo, pese a que sigue sin poder metérselo todo en la boca. Pero eso no le importa, quiere esa polla y disfrutará de ella mientras pueda. Las manos de Antonio llegan nuevamente a su coño, hurgando en él, y hacen que su excitación aumente.

Antonio saca la mano del coño de Tania y la lleva a su culo, impregnándolo con los jugos de sus anteriores orgasmos. Poco a poco, mete el índice en su interior, lo que es acompañado de un gemido de Tania, ahogado por ell falo que se está comiendo. A este dedo le sigue otro, y otro más. Por fin, Antonio le da la vuelta, se pone otro condón y empieza a penetrarla analmente. El dolor es intenso, pero Tania sabe que, si lo aguanta, el placer que vendrá luego será mucho mayor. Antonio lleva nuevamente las manos al coño y las tetas de Tania y la acaricia de esa forma que la vuelve loca.

Por fin, la polla de Antonio entra del todo en el estrecho agujero de Tania, que suelta un grito mezcla de dolor y placer. Se siente completamente llena de polla. Antonio se queda quieto un momento, esperando que los músculos se aflojen y le acepten en el interior de ese culo tan caliente que lleva deseando toda la noche, y que ahora por fin va a poseer. Una primera embestida, acompañada de un gemido de placer de Tania. Otra más, y otra. Antonio empieza el bombeo, mientras Tania grita pidiendo más y más. Los límites del placer hace tiempo que han sido superador y las manos y la polla de Antonio hacen que de su coño salga un torrente continuo de jugos que no sólo mojan las manos de Antonio, sino también la sábana, hasta formar un corro como si alguien se hubiera meado.

Las embestidas son ahora más intensas y rápidas, y ahora sí Tania siente que la va a partir en dos. Antonio gime a coro con ella, acompañando sus gritos de placer. De pronto, acelera incluso más el ritmo y estalla en el interior de Tania, quedando el semen atrapado en el preservativo. Se separan y Antonio cae rendido en la cama, durmiéndose enseguida.

Eso es lo que le revienta a Tania, que siente la ira crecer en su interior. ¡Malditos egoístas! Es como siempre, como todos, sólo preocupados de sí mismos. Se levanta y va al cuarto de baño, de donde coge una de las cuchillas de la maquinilla de afeitar que tiene en el bolso.

Al día siguiente la policía recibe otro aviso. Un nuevo muerto, en la habitación 411 de un motel barato de carretera. Parece ser que se llamaba Antonio y que le han cortado el cuello y la polla, exactamente igual que a los anteriores.

Mantis vuelve a actuar…

FIN