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Yo sabía que en el gimnasio se desarrollaban muchos músculos. La verdad es que, para ser sincera, al principio no me gustaba demasiado ir al gimnasio, pero a raíz de que una amiga me incitará a ir, voy por las noches antes de la hora de cenar, después de pasar 10 horas frente al ordenador, es el único momento que puedo dedicarle a mi cuerpo. Soy delgadita, uso una talla 36, y deseaba dar más forma y consistencia a mis curvas y formas de mujer, también voy a dejar bien planito y duro mi estomago, aunque lo tengo casi como lo quiero ver, y por los consejos que él me dio, pronto lo tendré, a punto para el verano.

La rutina siempre es la misma. Llego, voy al vestuario, me cambio y dejo mis cosas en la taquilla, y me ducho, y a veces, voy unos 15 minutos al jacuzzi, y una vez recogido todo, me vuelvo a casa a descansar.Pues bien, una de mis muchas noches allí, como era habitual no había prácticamente nadie, de hecho solo estaba el encargado, un hombre fuerte que nunca habla más de lo necesario, y un chico que no iba mucho, pero que era imposible que pasase desapercibido a los ojos de nadie. Se llamaba Andres, pelo castaño, ojos con una mezcla de azul y verde, muy apetecibles, y con una personalidad que junto con un cuerpo bastante atractivo, con torso bien formado y un culito respingón, que hacía de él un chico más que interesante.

La verdad, es que con él no había cruzado más palabras que no fuesen “hola” o alguna sonrisa de esas que se ponen para quedar bien. Hice mis ejercicios, y una vez finalizados, me fui al vestuario, dispuesta a recompensar mi esfuerzo con una buena sesión de jacuzzi, ya que ese día le había dado muy fuerte y la verdad es que mi cuerpo estaba bastante cansado. El vestuario estaba vacío, solo estaba yo, como era habitual a esas horas, así que me desnudé, me duché para quitarme el sudor, y me encaminé a una pequeña habitación contigua donde esta el jacuzzi, donde, tras pulsar el botón de encendido, entré a disfrutar del agua caliente y de las burbujas. Me recosté y, relajada cerré los ojos.

Ahí estaba sumida en mis pensamientos, del que me sacaron el sonido de unos pasos que se acercaban. Abrí los ojos muy lentamente y ante mí había una silueta. Creí que era el encargado, para decirme que dentro media hora iba a cerrar. Pero no fue él, vi otra silueta masculina que estaba de espaldas a mí, cubriendo su cuerpo con una toalla blanca, y en un momento que se puso de perfil, vi que era Andres. Él al verme se sorprendió y dio un gritito de susto, pero al reconocerme se calmó, ya que aunque poco, nos conocíamos. Me pidió perdón y me explico lo que hacía allí.

Por lo visto el jacuzzi del vestuario de los hombres se había estropeado, y el encargado, pensando que yo ya me había ido, le dijo que pasara al de las mujeres, que no había ningún problema. Yo le dije que no pasaba nada, que si quería me iba y le dejaba tranquilo, yo ya llevaba bastante rato. Pero su respuesta me dejó de piedra. En lugar de decir algo, se quitó la toalla, dejando al descubierto un precioso cuerpo musculoso. Se metió en la bañera, y comenzó, mientras besaba mis hombros, a pasar su mano por mi pecho, y empezó a deslizarse, primero por mis pezones y después fue lentamente hacia abajo, por mi vientre, y tras juguetear con mi vello, y empezó a masajear mi vajina. Yo estaba excitadísima, y al ver su boca cerca de la mía, no pude controlarme y comencé a besarlo con fuerza, mientras le acariciaba yo su pene, que bajo mi mano se iba endureciendo poco a poco.

El ritmo de nuestras lenguas y de nuestras manos se aceleraban conforme la excitación iba en aumento, y nuestras manos masajeaban nuestros sexos cada vez con mas intensidad, y por tanto, con mas placer. Me rodeo con sus brazos, y sacándome un poco del jacuzzi, lo justo para que mi rajita estuviese a la altura de su cara, comenzó a lamérsela con dulzura. Primero su lengua se deslizaba de abajo a arriba, parándose en el clítoris de vez en cuando para juguetear con él, haciendo que girase en círculos, cosa que me hacía gozar, ya que cada vez que la lengua entraba en contacto con él, emitía pequeños gemidos de placer, que aumentaban conforme sus dedos entraban dentro de mi cuerpo.

Estuvo varios minutos devorando mi coñito, hasta que llegue a un largo y placentero orgasmo. Volví a meterme en el agua, y sumergiéndome en ella, comencé a lamerle todo el pene. Estuve aproximadamente un minuto bajo el agua, mordisqueando la punta de su miembro, metiéndomelo en la boca y masajeando sus testículos con mi mano. Cuando salí, le preguntó si le gustaba, aunque no hubiera hecho falta preguntarle, porque estando donde estaba, igual le oía gemir, aunque me dijo que si. Así que le hice sentarle en uno de los escalones, dejando que la “cabecita” y el pene se asomase justo por encima del agua, estando el resto cubierto.

Ahí me volví a lanzar sobre su polla, durísima, y seguí lamiéndoselo, besándolo, mordiéndolo suavemente, y empezó a gemir más salvajemente, y eso me excitaba aún más. Cuando note que le faltaba poco, se la chupaba salvajemente y cuando iba a correrse no le quite mi boca, ya que me trague su jugosa lache. Yo quise más y volvimos a meter dentro del agua, y estuvimos un buen rato besándonos, tocándonos, descubriendo otra vez nuestros cuerpos, hasta que llegó el momento. Me apoyó contra uno de los laterales del jacuzzi, y allí, separé mis piernas dejando ver bajo el agua mi apertura y allí, poco a poco, comenzó a entrar dentro de mí. Una vez estuvo completamente dentro, los dos lanzamos un gemido de placer, le miré a los ojos de forma picarona, pidiéndome más y eso hizo. Comenzó a acelerar poco a poco, salpicando a cada movimiento.

Empezó lento, pero cada vez iba más rápido, y más, el agua iba por todas partes, por lo que, para mas comodidad, abracé su cuerpo con mis piernas, limitándose a movimientos cortos, pero rápidos. Su miembro entraba continuamente dentro, y los dos estábamos extasiados. Cuando nos quedaba poco, me abracé y con él aun atrapándose con mis piernas, nos pusimos en el borde del jacuzzi, para poder ir aun más rápido. Ahí, tumbada en el suelo, y ya sin disimular su placer, noté como acababa por el calor que rápidamente empezó a envolver su pene. Él estaba también a punto, pero me dijo que quería que yo acabara. Con un rápido movimiento, puse su pene entre mis pechos, y empecé a masajearlos, lamiendo la punta cada vez que se asomaba…no pudo aguantar mucho más, por lo que finalmente, acabó en mi cuello.

Mientras nos duchábamos juntos, me confesó una cosa. Me dijo que no había ningún problema en el jacuzzi de los hombres, pero que sabía que estaba sola, y que le producía cierto morbo desde hacía bastante tiempo. Le agradecí su sinceridad, y, aprovechando que estaba sola en casa esa noche, vino conmigo, donde continuamos desatando toda nuestra pasión.