Las esclavas, relato erótico.

Gabriela arrima la cara más cerca de la cómoda junto al espejo haciendo un circulo con la boca y luego haciéndola más estrecha. Con suavidad, lentamente se aplica el lápiz labial de color rojo en los labios. Los une juntos dos veces, haciendo el sonido que hace una pompa de jabón cuando explota … pliega un pañuelo por la mitad y presiona sus labios, lo frota contra el exceso.

Se retira con una sonrisa feliz, impresionante. La miré irse, quedé por un momento en las nubes, anonadado por ese culo perfecto, tostado, bajo esa cintura fina. No era la tipica chica con la que saldrías. No se la presentaría a mis padres jamás, pero por todo lo que es importante, como le daría!

La verdad que me está matando esto de estar encerrado limpiando en un club para adultos, es el típico trabajo que haría una mujer, una señora de 50 que tuvo una vida difícil o algo. Cuando respondí al aviso, nunca me hubiera imaginado que sería este lugar, y demás está decir que es obvio por qué dejé de lado la otra opción que tenía en el banco. Con 19 y el secundario ya terminado, puedo darme un tiempo, un año sabático para divertirme. No te parece? Lo malo es que en estos tres días que van de trabajo, solo he limpiado como un burrito y mirado a las chicas sin animarme a decir más que un hola.

Las chicas no son lo que yo conozco y lo que estaba acostumbrado ya a hablar. Si bien cuando bailan son femeninas y tienen un movimiento sensual que te hace babear si no prestas atención, detrás de los camarines, son como hombres, cerradas, recias, consentradas en sus cosas. Es como si las horas de trabajo en este lugar las hubieran curtido. No me podría imaginar qué convertiría a una chica del colegio en algo como esto, quizás algún tipo de entrenamiento…


Leave a Reply