Hoy he leido en el blog de mi amiga Nadia Capri el relato de su primera experiencia liberal y, con su permiso, voy a plagiarle la idea y os voy a contar mi experiencia personal.

Fue hace unos tres meses. La idea de ir a un pub liberal me rondaba por la cabeza desde hacía un tiempo, me apetecía ver qué se cocía en aquellos sitios, quería experimentar cosas nuevas.

Era lunes por la noche y estaba en casa aburrida porque ese era el único día que yo libraba en el bar donde trabajaba y no tenía ningún plan. Empecé a hablar por el Messenger con un follamigo de hace tiempo. Él también tenía ganas de ir a un pub liberal y me lo propuso, en seguida acepté y me fui a su casa, aunque ya era bastante tarde y pensábamos que nos lo íbamos a encontrar cerrado. Llegamos allí y llamamos a un telefonillo que había. No nos abría nadie así que decidimos irnos ya que, por una parte, nos daba bastante vergüenza y parecía que estuviéramos deseando irnos de allí, aunque por otra, nos picaba muchísimo la curiosidad. Pero justo cuando estábamos montando en el coche nos abrió la puerta una chica, estaba buenísima y era la camarera del local. Al final nos decidimos por entrar y el ambiente nos desilusionó un poco ya que había poca gente, dos tíos solos en la barra agarrados a su copa y un chico con dos chicas que acababa de entrar al mismo tiempo que nosotros.

Nos pedimos una copa y la camarera nos invitó a enseñarnos cada rincón del local. Estábamos los dos muertos de la vergüenza y al mismo tiempo alucinando por lo que veíamos. Había un pasillo muy oscuro, aunque bueno, realmente todo estaba muy oscuro, lo llamaban el pasillo francés o los glory holes. Era un pasillo en el cual una de las paredes estaba lleno de agujeros por donde se podían introducir pollas o incluso las manos, de manera que no podías ver a quién pertenecía cada uno de esos miembros. Al otro lado de esa pared había una sala destinada a hacer tríos o lo que a cada uno se le pasara por la mente. Al otro lado del local había unas escaleras que llevaban a dos habitaciones: una grande para orgías, gang bangs, bukakkes o cualquier otra práctica en grupo, y otra habitación un pelín más pequeña para parejas o, como mucho, tríos. Volvimos a subir a la zona donde estaba la barra y nos sentamos a charlar y a bebernos las copas. Viendo el percal decidimos tomarnos la copa e irnos de allí. Pero no iba a terminar ahí la noche…

Se nos acercó la camarera y nos dijo que a su pareja (que era el dueño del local) y a ella les habíamos gustado y que si queríamos podíamos esperar a que cerraran y bajarnos los cuatro a una de las habitaciones. A mi amigo se le iluminaron los ojos porque, como ya os he dicho antes, la chica estaba muy buena. Así que les dijimos que sí, era una proposición muy golosa, además, a eso habíamos ido, a hacer guarrerías con otra pareja, ¿no?. Cerraron el local y comenzamos a hablar de cosas triviales hasta que la otra pareja decidió que ya era hora de empezar la acción. Yo me metí en la habitación pequeña con el otro chico y mi amigo se quedó en la grande con la chica. Me parecía super excitante la situación a la vez que surrealista. Follé con el tío hasta que se corrió, antes de lo que me hubiese gustado, pero justo en ese momento llamaron a la puerta del local y tuvo que subir a abrir. Yo me asomé a la otra habitación donde estaba mi amigo follando con la camarera. Me quedé un rato mirándoles y tocándome hasta que me animé a unirme a ellos. Primero le comí la polla a mi amigo y después dejé que ella se la comiera mientras yo me dedicaba a sus huevos. Mi amigo estaba flipando, cumpliendo su fantasía de estar con dos tías a la vez, creo que en ese momento era el chico más feliz del planeta. Luego siguió follándosela a ella hasta que la chica se corrió. Después fue mi turno hasta que se corrió él. Yo me quedé sin mi parte. Nos duchamos, nos despedimos de la otra pareja y nos fuimos a casa.

Por el camino fuimos comentando la noche, con una sonrisa de oreja a oreja y flipando por todo lo que había pasado. Llegamos a su casa y yo seguía cachondísima porque no dejaba de pensar en el polvo que habíamos echado, además me había quedado con ganas de probar a la chica. Al final tuve que pedirle a mi amigo que me echara una mano, nunca mejor dicho, y me ayudara a desahogarme. Tuve un pedazo de orgasmo increíble y después le terminé yo a él con una buena mamadita.

Nos salió la noche redonda y la verdad es que estoy deseando repetirlo, pronto volveré a un local liberal para dar rienda suelta a mis fantasías.