vecino

Más de siete años viviendo en el mismo bloque, y apenas habíamos cruzado cuatro palabras aparte del “hola” y “hasta luego” en el portal. De todas formas tampoco soy una chica muy habladora, y por lo visto él tampoco. Siempre que subíamos en el ascensor no hablábamos nada, a excepción del “hola” y “adiós”.

Un sábado por la noche, como todos ellos, salí con mis amigas, aunque al cabo de un par de horas se puso a llover, y como apenas había gente y no parecía que fuese a parar, tras unas copas en un Púb. Y un poco de charle entre mujeres, me fui a casa procurando no mojarme demasiado. Cuando llegué al portal, vi desde fuera que dentro había esperando el ascensor. A veces suelo preferir esperar a subir sola, aunque como llovía mucho, abrí la puerta y entré.

Tras pasar y cerrar la puerta, vi que era el vecino del 13º, el que estaba esperando el ascensor. “Hola”, le digo, mientras me fijo en ese culito tan rico. “¡Ah, hola!”, me responde, mientras esperamos que llegue el ascensor. Me abrío la puerta, para que pase y luego entra él. Pulsa el botón de su piso. Mientras vamos subiendo noto que esa noche me mira fijamente, solo apartando la mirada cuando ladeo la cabeza y yo le miro. Llegamos al 13, abre la puerta, pero se para de repente y se vuelve hacía mí, sin salir.

Se me queda mirando fijamente, y pone sus labios entreabiertos sobre mi boca durante un segundo, tras apartándose y me mira a los ojos, como para darme tiempo a reaccionar. Me quedó mirándole sorprendida, cuando vuelve a la carga. Esta vez su ataque va en serio. Mientras cierro los ojos y me dejo llevar, su lengua se introduce entre mis labios entreabiertos, retorciéndose tratando de unirse a la mía, que no tarda en aceptar la invitación y se une a la suya en suaves latigazos dentro de mi boca. Mientras nos deleitamos disfrutando de nuestros profundos y calientes besos, sus manos empiezan a ascender lentamente por mis caderas.

Con suavidad y delicadeza cubre con su mano mi pecho izquierdo por encima de mi camisa, el cual empieza a ascender lentamente como si de un experto panadero se tratase, se apresura a desabrocharme los botones de la camisa y a introducir sus manos por mis costados hasta mi espalda, hasta toparse con el cierre de mi sujetador. Tarda poco en desabrocharlo, lo que le cuesta agarrar mis dos pechos con sus ya calientes manos, mientras se regocija amasando con fuerza mis pechos, veo como estoy arrinconada en una esquina, al tiempo que nos pegamos tanto el uno al otro, que noto como su pene estaba ya duro como una piedra.

Aparta sus labios de mi boca, y sin soltar mis pechos, empieza a chupar mis pezones, erectos desde el principio, mientras murmura palabras relacionadas con lo que ambos estábamos disfrutando. Le agarro por su ya despeinado cabello y aprieto su cara contra mis pechos, mientras él se afana en mordisquear mis duros pezones, cada vez con más fuerza, lo que hace subir mi temperatura cada vez más. Sin dejar de lamer mis pezones y areolas, suelta sus manos de mis pachos y a tiendas agarra mi culo por debajo de mi minifalda negra. Apretando mis nalgas con igual fuerza que con mis pechos, recorre milímetro a milímetro mi culo mientras vuelve a meterme la lengua en la boca.

Saco su camisa del pantalón e introduzco la mano por su pecho y espalda. Los gemidos y nuestras respiraciones se entrecortan, creyendo que van a despertar a algún vecino. Su mano derecha ahora se entretiene frotándome el coño por encima de mi tanguita, que cada vez lo tengo más húmedo y caliente. Con un milimetrado movimiento de su mano, desde el ombligo baja entre mi tanguita y mi estomago, decididamente hasta cubrir completamente con sus dedos la entrada de mi vagina, moviendolos haciendo círculos con delicadeza. ¡¡¡Cielos, qué placer!!! Yo no pierdo tiempo y desabrocho como puedo, los botones de su pantalón. Leyéndome el pensamiento, él mismo se apresura en desabrocharse el cinturón de sus vaqueros y bajárselos a la vez que se baja los calzoncillos, mostrándome su barra de acero. Instintivamente le empiezo a acariciar, reaccionando ante mi contacto, como si tuviera vida propia, poniéndose más dura. Él suplica que se la chupe.

Mientras me agacho hincando las rodillas en el suelo, y sin soltar su apreciado trofeo, retira para atrás la piel de su capullo. Me lo metí en la boca, para empezar a chupársela, mientras se le escapa un gemido de placer. Él se mueve al compás, mientras yo engullo el caliente miembro con mi lengua y mi boca. De repente me aparta la cabeza, supongo porque no querría correrse dentro de mi boca, aunque no me hubiera importado nada tragarme el sabor de su semen. Me agarra de los codos y tira de mí, hasta ponerme de pie, sin poder quitar ojo a ese pene tieso todavía cubierto de mi saliva, ansiándolo tener dentro de mí. Se apresura a agacharse para subirme más la minifalda y bajarme el tanga.

Mientras lo hace, acerca su cara a mi pubis, y sin nisiquiera pedírselo hizo una alto en su camino, para dar unas lengüetadas a mi ya dilatada vagina. ¡Qué placer! Mmmmm… que bien me separa los labios y acaricia con su lengua. Se pone de pie, y se muy bien que ha llegado el momento de ser penetrada. Así lo hace, pero sin condón, pero no pasa nada ya que me tomo la píldora. Voy sintiendo como clava su estaca entre mis dos piernas. Estamos los dos de pie, él dobla las rodilla levemente, mientras con la mano derecha enfila la punta de su polla entre mis dos piernas. Con una ligera presión de su pene contra mi vulva, localiza sin problemas la entrada de mi vagina, y de una decidida embestida, me penetra todo lo que da de sí la longitud de su polla. Grito de placer, mientras nos contorneamos rítmicamente, mientras su varonil miembro entra y sale de mi coño rebosante de flujo. Estamos sudando, me agarra con fuerza las nalgas para aposentarse mejor en su delicada misión de follarme. Durante unos minutos entre y sale de mí, como un poseso.

Poco a poco aumenta su velocidad y violencia de sus embestidas. Creo que me voy a correr… Mmmmmmm…… Grito, mientras se me escapan varias lágrimas y casi se me nubla la visión. Cierro los ojos, mientras disfruto de este maravilloso orgasmo. ¡Cielos, qué placer! Él también se corre, siento como fluye a borbotones su semen en mi interior, lo cual hace prolongar mi orgasmo… Mmmmmm… Sin sacar su pene de mis entrañas, tratamos de recuperar la conciencia y el ritmo de respiración. Nos miramos a los ojos, mientras le agarro por la cintura y él pellizca suavemente mi pezón derecho. Se aparta para sacar su miembro y lentamente se viste, mientras yo hago lo mismo. “Ha sido maravilloso, hasta otro día”, susurra mientras me besa tiernamente. Se da media vuelta y sale del ascensor, mientras estaba abrochándome la camisa, sintiendo todavía escalofríos por el placer que acababa de sentir.