El Ginecologo

Hacía días que me tocaba revisión con el ginecólogo. La relación con él siempre había sido un poco especial, pues desde un principio me había dado cuenta que le gustaba y atraía. A mí él me parecía un hombre interesante y tenía para mí el atractivo de su timidez. Él conoce todas nuestras intimidades, ante el cual nos desnudamos periódicamente, sometiéndonos a una exploración que es la más íntima de todas. Alguna vez, había tenido la fantasía de hacerlo con él, en alguna de las visitas periódicas que le hacía.
Al llegar a la consulta sólo estaba otra delante de mí por lo que supuse que yo era la última de aquella mañana. Mientras esperaba a que llegara mi turno, se me ocurrió una idea, para hacer que él venciera su timidez. Al cabo de un rato de estar esperando sola, llegó la enfermera y me indicó que podía pasar. Entré en el despacho y como siempre él se levantó de su mesa y se acercó a saludarme, dándome un beso en la mejilla, a continuación se volvió a sentar en el sillón detrás de la mesa y yo en el de delante y comenzamos con lo típico, preguntándome cómo estaba, si sentía alguna molestia, etc. Una vez terminado, le dije: “José, además de la visita rutinaria, quería consultarte una cosa”.
“Tú dirás”. “Pues verás, yo soy una mujer sexualmente muy activa, me encanta el sexo y los juegos sexuales, mi marido y yo formamos una pareja muy liberal en ese aspecto y practicamos toda serie de juegos sexuales, incluidos los intercambios de pareja, además, ambos nos hemos dado la libertad para practicar sexo con otros y ambos lo hacemos regularmente. Mi pregunta es si el ser promiscua sexualmente hablando me puede perjudicar en algún sentido, teniendo en cuenta la operación que me han hecho”.
Se levantó del sillón de detrás de la mesa y mientras se acercaba a mi y se sentaba en el otro sillón que estaba al otro lado del mío, me contesto: “No especialmente, quiero decir, que por la operación en sí no tienes más riesgo que el que tienes sin la operación, es decir, el practicar sexo con desconocidos tiene de por sí un riesgo, que no es destinto con la operación que sin ella. En fin, lo que me dices tiene de por si un riesgo, que supongo que conoces, en lo referente a enfermedades de transmisión sexual. Al decir que eres muy promiscua ¿qué quieres decir exactamente?”.
Mientras me iba contestando, observé que mi idea había dado resultado, primero por su mirada, pues me observaba con un interés mucho más sexualmente abierto que el que había empleado nunca y además, por el bulto que se iba formando en su entrepierna.” Hombre, ¿qué quieres que te diga? Cuando digo que soy promiscua, quiero decir exactamente eso, que practico sexo con otras personas que no son mi marido, además de realizar intercambios con él y otras personas, hablando claramente que follo con quien me apetece en cada momento ¿te queda claro?”. ” Si, si muy claro. Yo conozco a amigos míos que se dedican a los intercambios de pareja, si quieres te los presento”. ” No, no hace falta, mi marido y yo tenemos un grupo de matrimonios que somos amigos y que entre nosotros practicamos el intercambio, lo que es más difícil y lo que nos apetece más ahora, es probar a hacer tríos, lo que pasa que encontrar un hombre, para ello, es más complicado que encontrar matrimonios, pues el tener una amistad es más difícil y plantearte un trío a un amigo que no sabes como va a reaccionar, es más problemático”.
Yo esperaba que al decirle lo anterior se diera por enterado y tuviera alguna reacción. Lo que sucedió: “Bueno, mira pasa a la sala y vete desnudando para que te reconozca, mientras me lavo las manos”. Pasé a la sala como me había indicado, me quité la falda y las braguitas que llevaba, dejándome únicamente la camiseta, y me tumbé en la camilla. Cuando entró, se dirigió a la camilla, sin sentarse, como otras veces y de pie delante mío, me agarró las manos y me incorporó hasta dejarme sentada en la camilla, diciéndome: “Desnúdate del todo”. Sin decir nada, me quité la camiseta, a lo que él me ayudo, cuando estuve completamente desnuda, me abrazó y al oído me dijo: “¿Quieres que sea yo con el que hagamos un trío con tu marido?”. “Pues sí, sí me apetecería contigo, pues te conozco hace muchos años y, la verdad es que cómo me has visto tú, no me ha visto nadie más”. Por fin, mi estrategia había dado resultado.
Me terminó de incorporar y ya los dos de pie, me apretó contra si, besándome en la boca, recorriendo con su lengua todo mi paladar y mi lengua, yo sentía la dureza de su polla a través del pantalón y sus manos recorriéndome los pechos y las nalgas, mientras su dura polla se apretaba más y más contra mí. Mi vagina empezó a segregar abundantes jugos, y empecé a sentir unos deseos locos de que me penetrase allí mismo sin esperar más. El riesgo que entrará la enfermera y nos viera en plena follada, me producía un morbo tremendo. Mientras seguía tocándome las nalgas y el pecho, le empecé a desabrochar la bragueta y cuando le hube sacado su polla de la prisión que la retenía, le dije que se desnudara, mientras me agarraba y me metí su tiesa polla en la boca, subiendo y bajando con mi boca por todo su recorrido y apretando su capullo entre el paladar y la lengua, que a esas alturas estaba rojo y duro como el diamante.
Mientras yo se la mamaba, él se empezó a desnudar, quitándose la chaqueta blanca, y cuando se hubo desabrochado el pantalón, dejé su polla libre de mi boca y saliendo al despacho me tumbé en el sofá, mientras le decía: “Date prisa y fóllame, que te estoy deseando”. Tumbada le contemplé cuando venía hacía mí, desnudo, con su polla tiesa y dura, mojándome todavía más al ver esa polla y saber que en pocos segundos iba a estar dentro de mí, penetrándome, dándome placer, follándome. Se tumbó sobre mí, y su polla me penetró sin ningún problema ni espera, pues mi vagina estaba empapada de jugos y abierta, esperándole, su polla también estaba bien húmeda y lubricada de mi saliva.
Sentía su polla dentro de mí, atravesándome, follándome, entrando hasta el fondo de mi coño y saliendo casi hasta la entrada para volver a hundirse en mis entrañas, en un vaivén maravilloso que me proporcionaba un placer indescriptible. Cuando empecé a gemir de gusto, su boca, que hasta entonces se había dedicado a chupar uno de mis pezones, tapó mi boca, mientras su lengua penetraba mi boca igual que su polla penetraba mi coño y su mano derecha me agarraba un pezón acariciándomelo entre sus dedos. Me corrí casi de sorpresa, el orgasmo me llegó sin avisar, intenso, fuerte, haciendo que cerrara los músculos de mi vagina para retener la polla, que me daba tanto placer, lo que provocó su orgasmo que hizo que el mío se prolongará más, al sentir su leche derramarse dentro de mí, llenándome con su calor espeso. Me encanta sentir el orgasmo de los hombres dentro de mí, sentir su leche caliente y espesa golpear el fondo de mi coño, cuando sale a borbotones.
Cuando sentí que su polla escapaba poco a poco de mi interior, al volver a su tamaño normal, me incorporé y colocándome entre sus piernas, me introduje su polla en mi boca, mamándosela y apretando suavemente sus cojones, hasta que volvió a tenerla dura. Me coloqué a horcajadas sobre él y bajando fui introduciéndome su pene hasta sentarme encima de él, siendo yo, la que subía y bajaba sobre él, sintiendo su polla entrar y salir de mi vagina, mientras le decía que me encantaba sentir su polla dentro de mí, follándome, que me acariciara y apretara los pechos, lo que le excitaba aún más, hasta que volvimos a llegar al orgasmo simultáneamente. Descansanos un poco, uno en brazos del otro y al levantarnos, le dije que ya le avisaría para hacer el trío con mi marido, y que con independencia de ello, siempre que viniera a su consulta podríamos repetir la experiencia de hoy.


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