duniamontenegro

Esa tarde de invierno fue el momento oportuno que yo ansiosamente esperaba para complacernos, haciendo realidad mi fantasía erótica. Durante toda la semana estuve pendiente de los reportes del clima y aseguraban un sábado lluvioso, ¡tal cómo lo esperaba!. El sábado en la mañana, al despertarme cerca de las diez, lo primero que hice al salir de la cama fue mirar a través de la ventana.

Aunque aún no estaba lloviendo, unos grandes nubarrones oscuros cubrían el horizonte de extremo a extremo. Esta vez los reportes del tiempo no habían fallado: pronto la tierra sería acariciada por las gotas frescas y cristalinas de la lluvia cantarina. Después de mirar a través de la ventana tomé el teléfono y te llamé emocionada para invitarte al parque. Debía estar loca por invitarte al parque en un día como este, pero no podía ser otro día. Hoy era cuando iba a hacer realidad mis sueños eróticos. Me sorprendió que aceptaras la invitación a salir sin poner ninguna objeción, después de todo, el panorama no se presentaba muy agradable. Pero este sería el mejor día para cada uno de nosotros. Por fin llegó el momento esperado.

Era cerca del medio día. Traté de vestirme lo más sexy posible. Ni siquiera me preocupé de llevar ropa adecuada para la lluvia, ni nada para cubrirme. Al salir de la casa, los que antes eran nubarrones oscuros en un paso perezoso sobre el azul del cielo eran ahora unas masas amenazantes cargadas del líquido vital. De hecho, unas pequeñas gotas empezaban a caer y para cuando llegué al parque las pequeñas gotas se habían convertido en una sinfonía magistral. Llegué a la parte del parque donde habíamos quedado en encontrarnos y mi sorpresa fue mayor al encontrarte ya ahí. No sé desde cuando estarías esperando pero te notaba una actitud expectante, como si anticiparas algo. Ibas muy casual. Yo iba con una minifalda corta y por la lluvia que caía se me había pegado completamente a la piel.

La blusa también se me pegaba a la piel y pudiste darte cuenta que no llevaba sujetador. La redondez de mis senos se dibujaba completamente y los pezones se habían erguido y se marcaban durísimos a través de la mojada tela de tu blusa. Me dijo, que lucía realmente seductora y estimulante hasta el punto, que no pudiste evitar una erección, que debido a la lluvia se te marcaba el paquete completamente a través de la tela del pantalón, y eso empezó a excitarme. No hubo necesidad de decir nada más. Me tomaste entre mis brazos y nos fundimos en un beso interminable. Nuestras lenguas se encontraban una y otra vez. Con un placer enorme atrapabas mi lengua con tus labios, la chupabas y mordías suavemente.

La calentura se nos había subido a ambos. Parecía que esto era lo que estamos esperando desde hacía mucho tiempo. En medio de un jardín que estaba oculto en un rincón del parque las flores presenciaron el encuentro de dos cuerpos fogosos, cuyo ardor era imposible apagar, ni siquiera con la lluvia que nos cubría completamente. Empezaste a desnudarme. Esa era una parte de mi fantasía: hacer el amor en un jardín bajo la lluvia. Me saquaste la blusa toda mojada y al contacto directo con el agua mis pezones se pusieron más duros. Pudiste comprobar esto, cuando empezaste a chuparlos. Mmmmmmm… Tu lengua los envolvía y tus labios los aprisionaban. Mis senos se amoldaban a la forma de tus manos, ya que los cogías con una mano. ¡Qué delicia era sentir tu lengua y tus manos mientras el agua caía sobre mis senos!. Después me sacaste la falda y te diste cuenta que no llevaba ropa interior.

Hoy también me había arreglado el pubis, para que lo viera espléndido. Ya desnudos los dos, nos acostamos en el verde césped, que se extendía como una alfombra, como una cama verde que la naturaleza dispuso gratamente para el disfrute nuestro. Tu cuerpo desnudo sobre el césped parecía una sensual flor abierta que despedía la fragancia suave de la pasión y el deseo. Envolviste tus piernas alrededor de mis caderas, mientras que nuestros labios se unían en una cadena interminable de besos y chupetes. La lluvia seguía cayendo y cada gota parecía un dedo que recorría mi espalda con tus húmedas caricias. Tus manos se movían inquietas sobre mi espalda y me acariciabas las nalgas suavemente.

Me decías que cuando te llamé en la mañana y te dije que te invitaba al parque, inmediatamente vino a tu mente este momento que estábamos viviendo. Me dijiste que este era tu regalo para mí y que desde ahora podríamos compartir todas mis fantasías conmigo, pues estabas dispuesto a hacerlas realidad para mí. Me mencionó, que si me acordaba en estos momentos, de la otra parte de mi fantasía, y comprobó un brillo de lujuria que se reflejó en mis ojos. “Claro que me acuerdo”, le recordé en un tono muy sensual, que mi fantasía completa era hacer el amor en un jardín bajo la lluvia… con dos hombres a la vez. Sin darme tiempo a terminar, cubrió sus labios con los míos, al tiempo que hice un gesto hacia unos arbustos que rodeaban el jardín.

De en medio de los árboles apareció mi buen y mejor amigo Juan. Él se acercó a nosotros. Estaba completamente desnudo y su pene erecto parecía, que estaba a punto de explotar, pues se había excitado de vernos desnudos acostados en el césped. Este era, el cumplimiento total de mi fantasía; hoy tendría a dos hombres a mi disposición, los dos los conocía muy bien; estaban anhelantes de llenar cada espacio de mi cuerpo y de disfrutar de mis gemidos y mis orgasmos. Dos pares de manos empezaron a recorrer mi cuerpo. Mientras mi novio sobaba mis senos, mi amigo metía sus manos entre mis nalgas y mi sexo. Podía sentir a los lados de mi cuerpo, un par de penes que estaban completamente duros y mis gemidos escapaban de mis labios. Nunca me imagine el placer, que dos hombres podían darme, y eso que solo estábamos en las caricias previas. Les pedí, que se quedaran de pie, mientras me quedé arrodillada sobre el húmedo césped. La lluvia no detenía mi jugosa carrera como uniéndome a ellos.

Tomé entre sus manos sus penes y empecé a acariciarlos bajando la piel completamente, para descubrir los glandes que a estas alturas estaban completamente morados por la excitación. Alternando entre el pene de mi amigo y de mi novio empecé a mamar sus miembros. Después traté de meter ambos penes en mi boca, pero no lo conseguí, estaban demasiado duros e hinchados, pero eso no me impidió seguir dando lengüetazos y chupadas. Recorría con mi lengua toda la extensión de sus hombrías y algún momento me metía sus testículos entre mi boca. Mamaba y chupaba con lujuria, como si tuviera ante mí un manjar, que no quería que se acabara nunca. Lamía tan rico sus penes, que no pudieron aguantar ya más y al mismo tiempo mi amigo y mi novio decidieron inundar mi boca con su leche. Tres grandes chorros salieron al mismo tiempo de sus miembros y fueron a parar directamente a mi garganta que mantenía abierta, para recibir sus jugos calentitos y me los trague sin ni siquiera derramar una sola gota. Mi sed por la leche de hombre, no dejaba de sorprenderlos.

A pesar de haber vaciado las bolsas, sus penes seguían duros como piedras, listos para continuar con esta orgía de pasiones naturales. La fiesta en el jardín apenas estaba empezando y sabíamos que todavía teníamos para largo. En ese momento les dije, que mi sueño más sensual, era ser penetrada por dos hombres a la vez. Sin esperar oírlo una segunda vez se dispusieron a complacer mi sueño. Mi novio se echó de espaldas en el césped y yo me acosté suavemente sobre él, para envolver sus pies frente a mí, con sus rodillas en el suelo insertó su pene en mi vagina. Qué rico fue sentir su pene llenando completamente mi húmeda cueva que rebozaba de jugos y calores. Mi amigo por su parte se puso detrás de mí, inclinándose un poco hacía mí, pera dejar libre el agujero de mi ano. Por un momento intentó meterlo en mi vagina, pero la tarea de introducir dos penes en una misma entrada resultaba imposible.

Así que mientras, mi novio penetraba dentro de mí, mi amigo decidió penetrarme en el otro agujero que me quedaba libre. Poco a poco, se fue abriendo paso, ayudado por el agua, que seguía cayendo sobre nosotros. Por fin logró meter el pene completamente en mi ano. Tuvieron que alternar el mete y saca, porque resultaba casi imposible insertar sus miembros al mismo tiempo. Ese alternar entre mi vagina y mi ano me puso muy excitada. Mi novio metía su pene hasta el fondo y lo sacaba, y mi amigo entonces metía el suyo y lo sacaba. Estuvimos así por unos momentos. Para entonces ya no gemía, gritaba como si hubiera enloquecido. Si hubiera sido una yegua estaría relinchando de puro placer, montada por dos caballos desbocados. Mis gritos se confundían con la lluvia que caía, y nuestros gemidos llenaban el jardín. Si las flores tuvieran oídos se hubieran asustado de nuestros gritos. Ya era casi insostenible la presión sobre sus miembros. Estaban a punto de eyacular por segunda vez y fue así. En menor cantidad pero igual de fuerte, mi novio lleno mi vagina con la blanca savia, que emanaba de su árbol de vida, y casi al mismo tiempo mi amigo se vino dentro de mi ano. Pude sentir la leche calientita en mis dos agujeros, el orgasmo que sentí fue potente y lleno de placer.

Arqueé mi cuerpo como una gata en celo y no quería separarme, quería seguir sintiendo sus penes que empezaban a ponerse fláccidos dentro de mí. Mientras que la lluvia seguía cayendo sobre nosotros, permanecimos unidos en el jardín, en ese encuentro triple de cuerpos encendidos. Parecíamos una estatua erótica en medio de las flores, y solo nos levantamos hasta que cesó la lluvia y se fueron las nubes.